México, DF; 12 de agosto del 2012.- Cuando Bob Bowman vio nadar por primera vez a Michael Phelps sus ojos se iluminaron con el potencial de cada brazada y la enorme ambición del niño al que meses antes le diagnosticaron déficit de atención por desorden de hiperactividad.
El coach echó a volar su imaginación y trazó una línea de destino cuando Michael tenía 12 años. Fred y Debbie, los padres del chico inquieto, aceptaron los ambiciosos planes y el sacrificio que viviría su hijo para que se convirtiera en una leyenda.
Michael era el joven que Bowman buscó varios años. Entendió desde esa charla en octubre de 1997 que le aguardaba un futuro brillante, y con una madurez inusual para su edad, llevó sobre sus hombros las proféticas palabras del entrenador que le marcaban un camino para debutar en Olímpicos en Sydney 2000, establecer su primer récord en 2001, ganar su primer oro en Atenas 2004 y aspirar a algo sin igual en 2008… todas las ideas requerían que se sometiera al régimen de preparación más devastador como moneda de cambio.
Antes de pensar en ser un astro de la natación, la alberca fue el lugar donde Phelps descargó su energía y el único espacio en el que su mente encontró quietud. Nadaba sin parar, haciendo de cada muro un nuevo punto de inicio para un recorrido más que disminuyera su inquietud.
El plan tuvo directrices claras de ejercicios, horarios de nado y alimentación. Phelps cumplió como un fiel soldado cada instrucción. Con 15 años alcanzó su primer meta y debutó en Sydney con el quinto lugar en los 200 m mariposa. A partir de ese momento y hasta 2008 apenas dejó de nadar unos días. Acumuló tantos kilómetros hasta llegar a la media de 90 mil metros cada semana. Nunca nadie había hecho esa preparación, que hubiera acabado con el anhelo de muchos, pero en el caso de Phelps era el alimento a su espíritu depredador.
Antes que Michael conociera su potencial devenir de gloria, su familia vivió un gran dolor cuando su hermana Whitney quedó relegada de los Olímpicos de
Atlanta 1996 tras padecer una serie de desórdenes alimenticios que la alejaron de la alberca cuando era la mejor estadunidense en los 200 metros mariposa.
A pesar de la tristeza y las dudas de sus padres, Michael aceptó cada reto y él mismo se puso más. Pronto El Prodigio de Baltimore asistió a una nueva cita con el destino y exorcizó los demonios familiares al imponer el récord mundial que Bowman vaticinó en los 200 m mariposa en el meet de Austin el 30 de marzo de 2001. Fue la primera de 39 marcas que caerían con las brazadas del Tiburón Blanco hasta el 19 de diciembre de 2009.
Michael erigió su imperio acuático desafiándose. El tic, tac del tiempo cumplió otra vez las palabras del coach cuando se coronó en Atenas 2004, pero el nadador llevó el reto al extremo al ganar seis oros. Su espíritu de lucha lo impulsó a inscribirse en los 200 m libres, que no estaban en el plan de Bowman para esas justas, y con 19 años se llevó el bronce detrás del australiano Ian Thorpe y el holandés Peter Van den Hoogenband.
Thorpe había sido la estrella de Sydney 2000 con tres oros y se convirtió en uno de los ídolos de Phelps. Esa fue la motivación para nadar los 200 metros, retar a la leyenda australiana que después de Atenas se retiró, tal vez sabiendo que sería la presa de Phelps en Beijing 2008.
Phelps incrementó las cargas de trabajo con las justas chinas como su único punto de atención. Bowman diseñó la estrategia de acabar con el reino que Mark Spitz construyó en Múnich 1972 al colgarse siete oros, con lo que era el máximo ganador en unas competencias.
Era un reto que sólo Phelps pudo asumir en el planeta. Después de los Mundiales de Montreal de 2005 llevó su preparación otra vez a puntos alcanzables sólo en la imaginación. En el camino rumbo a Beijing, hizo un campamento en San Luis Potosí, en el deportivo La Loma, en el que mostró que jugar póquer era otra de sus grandes pasiones y tal vez, una vez que reescribiera la historia, se dedicaría a ser un jugador profesional.
Spitz supo que su récord de medallas corría el peligro de caer y asumió con grandeza que Michael fuera quien lo amenazara. En China, buscar la proeza de los ocho oros fue el tema que dominó día a día la primera semana de pruebas y cada vez que Phelps se zambulló en el Cubo de Agua hubo conmoción en el Gigante Asiático.
El rey de la natación afrontó con gallardía cada prueba y la diosa fortuna no le dio la espalda en momentos de apremio cuando en el relevo 4X100 libre Jason Lezak mantuvo vivo el anhelo nadando el último tramo y remontando al equipo francés para ganar el oro. En los 100 m mariposa Phelps mostró su furia para batir por una centésima con su poderosa brazada doble al irreverente serbio Milorad Cavic. Spitz dejó su trono a un nuevo emperador.
A Phelps y Bowman se les agotaban las metas. Había pasado más de una década desde que formaron el binomio más laureado de la historia y Londres 2012 sería el final del camino. Michael sorteó nuevos obstáculos dentro y fuera de la piscina cuando su horizonte tenía nuevos objetivos.
La fotografía de una fiesta en la que sostenía una pipa con la que se fuma mariguana fue la noticia más relevante en los tabloides y provocó que fuera sancionado tres meses. El surgimiento de nuevas figuras en los Mundiales de Berlín 2009 y Shanghai 2011 empedraban el camino a la capital inglesa, para la que ya tenían la meta de asaltar el reinado de la soviética Larisa Latynina como máxima ganadora de medallas olímpicas con 18.
La hazaña de competir en ocho pruebas de Beijing cambió a siete y cuatro serían individuales. El mundo olímpico se dio cita en Londres para ver el último ataque del Tiburón Blanco, que en su primera prueba (400 m combinado) sufrió la herida de quedar fuera del podio por primera vez desde el 2000; en el relevo 4X100 libre Francia cobró venganza y relegó a EU a la plata.
Phelps llegó a la cita londinense con 16 preseas (14 oros y dos bronces). Su primera plata supo a poco con su magistral historia. La nueva generación desafió al rey, que sufrió otro golpe con su primera derrota desde 2003 en los 200 m mariposa, la prueba sobre la que erigió su reinado, a manos de Chad Le Clos.
El universo acuático era testigo de la adversidad del más grande cuando el Tiburón, de-sangrado por las derrotas, mostró los dientes y atacó por última vez rememorando las historias de grandeza de Atenas y Beijing. La marca de Latynina quedó chica cuando lideró a Estados Unidos al cetro en los 4X200 libre, y sumó sus últimos tres oros en los 100 m mariposa, 100 m combinado y 4X100 combinado, un asalto letal a los dioses para adueñarse del Olimpo con el impacto del tridente de Poseidón: 18 oros, dos platas y dos bronces.
El chico hiperactivo que tomaba tres dosis diarias de ritalin para controlar sus desórdenes cerró su capítulo final en la historia olímpica… En su última conferencia ratificó su adiós: “me voy después de lograr algo que nadie hubiera imaginado”… ya no quedaba ningún pendiente en el plan Bowman. Phelps cumplió con su destino.
Etiquetas: Olimpiadas Londres 2012
